El
trayecto en coche fue relativamente rápido y tranquilo. Josh se había pasado
prácticamente todo el viaje con los auriculares en los oídos y la cabeza baja,
mirándose las manos con una expresión completamente cerrada. Henry, cuando por
fin había terminado de discutir con Ryo, se había percatado de la extraña
actitud de su viejo amigo, pero no le había comentado nada. Él bien sabía, por
experiencia propia, que si Josh adoptaba esa forma de comportarse era por algo
que no pretendía decir por nada del mundo, a nadie. Aunque cuando se le pasaba
siempre lo solía soltar. Llegó a la conclusión de que tal vez Jem sabía algo,
por lo que pretendía preguntarle más tarde. Al mirar hacia delante se dio
cuenta de que la lechuga se había dormido y hacía unos soniditos extraños, los
cuales llevaban un rato haciendo soltar pequeñas risas a Hikari. Para su gran
sorpresa, la chica conducía bastante bien, y aunque no podía negar que antes
había temido por su vida, ahora mismo se sentía bastante seguro.
-Oye
Hikari, ¿a qué parte exacta de Blackrock vamos? -Jem había dejado de mirar por
la ventana y se inclinó un poco hacia adelante, mirando hacia la chica.
-¿Acaso
te conoces todas las calles de Irlanda, Jem?-Aun diciendo esto, Hikari le pasó
un papelito sin apartar la vista de la carretera. Jem soltó un suspiro, cogiéndolo.
-Casi…-Volvió
a recostarse y leyó la dirección que ponía en el papel: 17 Idrone Terrace. Alzó una ceja, volviendo a
mirarla.- ¿En serio? ¿En cuál de todos esos apartamentos has logrado meternos
en estas fechas?
-Nunca
subestimes a una oriental, pequeño saltamontes.-Hikari compuso un rictus
aparentemente serio, girándose un instante para mirarle tras parar en un
semáforo.- Eh…Creo que es el número 16…No me acuerdo bien, sé que tiene la
puerta roja.-Se encogió de hombros, poniéndose en marcha de nuevo.
-Perdone
mi osadía, señora oriental. –Se guardó el papel en el bolsillo para no
molestarla, volviendo a recostarse.- Sólo preguntaba, porque esos apartamentos
siempre están llenos. Pero, es una buena elección. Están bastante completos en
general, se pueden pasar unos días agradables ahí.
-Por lo
que vi en el plano, sí.-La japonesa asintió, parándose en un paso de peatones.-
Pero, hay que ir al supermercado. Necesitamos comida, por si os habéis
olvidado…-Ante la mención del conjunto de cosas que se comen o beben para
subsistir, Henry entró de golpe en la conversación.-
-¡PATATAS
NO, POR FAVOR! –Se llevó las manos a la cabeza, suplicando mientras se daba
jaloncitos del pelo. Jem le miró con una mueca divertida.-
-¿Por
qué no? ¿Tienes idea de la cantidad de platos que pueden hacerse con patatas?
-SÍ, LO
SÉ, EXACTAMENTE POR ESO.-Le asesinó con la mirada, echándose hacia adelante
para tocar el hombro de Hikari.- Por favor, patatas no… No he hecho más que comer
patatas desde que estoy aquí.-Miró a Jem de forma acusadora, señalándole con un
dedo.- ¿Por qué le ponéis patatas a absolutamente TODO?
-No es
a todo…sólo a la mayoría…-Jem alzó las manos, echándose un poco hacia atrás.
Él, como buen nativo, no encontraba extraño que en el 99% de los platos
irlandeses hubiera patatas.
-Con lo
buenas que están unas forfar bridies bien hechas…O unos scones con pimentón…-Se
relamió sonriendo, frotándose las manos. Así mismo, Ryota no tardó en
despertarse. Si bien podría decirse que Henry amaba comer, el peliverde amaba
cocinar. Y era de recibo aclarar que se le daba muy, muy bien.
-¿Sabéis,
ne? No hay nada como un sukiyaki bien hecho… ¿Verdad, Hikari-kun? –Esbozó esa
amplia sonrisa suya, y la chica estiró una mano sin mirarle para pellizcarle la
mejilla.
-Mientras
lo prepares tú, da igual cuál sea el plato.-Jem y Henry la observaron con
curiosidad, sin entender demasiado a qué se refería.
-¿Estás
diciendo que este trozo de lechuga sabe cocinar? –El rubio alzó las cejas,
mirándolos a ambos con una mueca escéptica. Hikari asintió, soltando la mejilla
que Ryo comenzó a frotarse.
-Aquí
donde lo veis este ‘trozo de lechuga’ ya tiene un máster en cocina. Es todo un
genio.
-Efectivamente,
ne.
-No
jodas, ¿en serio? –Henry miró al peliverde boquiabierto, mientras que Jem había
salido sigilosamente de la conversación y se había dedicado a mirar nuevamente
por su ventanilla, sonriendo levemente.
-¡Que
sí! Luego si quieres te enseño una foto de la graduación, ne.-Hizo un puchero
mientras miraba a Henry, que aún lo observaba con desconfianza.
Hikari
sonrió ante la conversación mientras giraba el volante y se adentraba en el
oscuro parking del primer Spar que vio, considerablemente cerca de la dirección
de destino. Aparcó de forma directa en uno de los pocos huecos libres y, tras
apagar el motor, se giró hacia los tres chicos de la parte trasera.
-A ver,
¿alguno de vosotros tiene complejo de madre y sabe hacer una compra semanal que
no consista en platos precocinados y pasta?
Henry
parpadeó inocentemente y desvió la vista, tosiendo falsamente mientras se
cubría la boca; Hikari alzó las cejas, mirándole como si no le sorprendiera.
Jem alzó una mano, ocultando un bostezo con la otra, y la joven asintió; sólo
faltaba Josh, que para ese entonces se había dignado a quitarse los auriculares
y observaba confuso a su alrededor.
-Eh…yo,
pero, ¿dónde estamos?-Frunció el ceño mirando las paredes blancas atravesadas
por una gruesa línea roja que caracterizaba a los parkings de Spar. Hikari
ignoró su comentario.
-Va, me
sirve. Vosotros tres, fuera. Tú –señaló al rubio.- te quedas aquí, por
inútil.-Esbozó una sonrisa deslumbrante, anclándose al asiento. Había pasado
completamente por alto la cara de indignación del escocés.
-Hasta
luego, ne.-El peliverde sonrió infantilmente, inclinándose para besar la
mejilla de su novia dulcemente. Jem se apeó y mantuvo la puerta abierta
mientras ocultaba otro bostezo, esperando a que el castaño saliera. Una vez
todos fuera, Hikari sacó el brazo por la ventanilla con un sobre café que había
cogido previamente de la guantera.
-Con
esto debería daros, si no, usáis la cartera.-Sonrió inocentemente tendiéndoselo
a cualquiera de los tres, aunque lo cogió Ryota. Tras esto, los tres se
encaminaron hacia la entrada del supermercado, cogiendo antes un carro para
depositar la compra.
El
supermercado no estaba muy lleno, al contrario, se podía decir que estaba
vacío. Eso era una ventaja, ya que significaba la ausencia de colas en
charcutería, carnicería y pescadería. Josh aún estaba algo perdido por su
reciente salida de su mundo interior, por lo que no sabía muy bien por dónde
empezar a seleccionar alimentos, mientras que Ryo ya iba directo hacia la
frutería. Jem, viendo que el castaño estaba estático, le empujó suavemente con
una mano en dirección al peliverde.
El
japonés estaba en su salsa, nunca mejor dicho. Comenzó a coger frutas y
verduras de casi todos los tipos: tomates, lechugas, zanahorias, manzanas,
plátanos, fresas, espinacas, remolachas, cebollas, ajos, ciruelas y muchas más
no tardaron en acabar en el carro. No pensaba escatimar en gastos; la comida
era importante. Tras llevarse casi media frutería, fue derecho a la carnicería.
Unos filetes, unas alas de pollo, un par de kilos de carne troceada…Siguiente
parada: especias. Jem y Josh apenas sabían qué habían cogido hacía cinco
minutos, y el peliverde no tardó en mandarles a por otro carro. Simplemente
obedecieron y dejaron que él se encargara, parecía que disfrutaba de aquello.
Diez
minutos y dos carros después, habían pasado por todas las secciones del
supermercado y se disponían a pagar en caja. Josh se asustaba sólo de ver la
cantidad de comida que llevaban, pero considerando que eran cinco y uno de
ellos era Henry, supuso que incluso tendrían que volver. Había cogido una lata
de las galletas que tanto amaba su amigo, hacía mucho tiempo que no las veía y
estaba seguro de que le iban a gustar. Una vez que llegó su turno en caja,
mientras Ryo ponía la compra en la cinta, Jem y él pasaron al otro lado para ir
colocándola en cajas. Era demasiado, iba a ser incapaz de llevar tres bolsas.
El precio resultó ser bastante normal para todo lo que llevaban, incluso sobró
de lo que llevaba el sobre…Aunque contenía una cantidad descomunal para ir a
hacer la compra, no sabía cómo se le había ocurrido a Hikari decir siquiera que
faltaría.
Consta
decir que se sintió bastante inútil cuando vio que Ryota llevaba cinco bolsas y
Jem siete, como si apenas llevase una, y él con cuatro la estaba cayéndose de
lado. Cuando ambos le preguntaron si le ayudaban, negó con todo el orgullo que
pudo reunir y caminaron juntos hacia el parking.