lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 2: Amigos y extranjeros como vecinos.

Al llegar a las puertas de la universidad se percataron de que apenas había nadie aparte de ellos y algún que otro estudiante rezagado. Entraron pasando las pesadas puertas acristaladas y se dirigieron a los dormitorios.

-Esto… ¿En qué planta está nuestra habitación? –Josh miró alrededor algo perdido. Nunca se había sentido a gusto en los espacios grandes, y menos si en ellos había demasiada gente.

-En la tercera. –Jem señaló unas escaleras.- Por lo visto, las que van desde la cien hasta la ciento noventa y nueve están en la planta primera, de la doscientos a la doscientos noventa y nueve están en la segunda, y así hasta las quinientas, creo.-Frunció el ceño y se dirigieron hacia las escaleras, comenzando a subir.- Es instituto es realmente grande.

-Quizás demasiado…-Susurró Josh subiendo con apenas un hilo de voz. Jem se llevó la mano a la cabeza y lanzó un gruñido suave; no se acordaba de su dolor de cabeza, pues en algún momento del trayecto había decidido ponerse a jugar al escondite. Sentía como si le taladraran la cabeza, pero al ser intermitente le dolía aún más. Cerró un ojo y apuró el paso.

-Hgh…-Subió las escaleras de dos en dos mientras Josh le seguía y le miraba sorprendido.

-¿Estás bien?-Se puso a su lado, asustándose un poco al ver la cara de perro que tenía el pelinegro. En cuanto llegaron al pasillo de la tercera planta, Jem salió disparado hacia la derecha, pasando puertas a una velocidad espeluznante. Se detuvo a cierta altura del pasillo y tras sacar una llave de su bolsillo entró con énfasis, dejando a un perplejo Josh en el pasillo. Éste se quedó quieto unos instantes, mirando la enormidad de aquel edificio que correspondía a los dormitorios. Caminaba lentamente por ellos, leyendo los letreros de las puertas; en muchos simplemente estaba el número de la habitación en números dorados, sobre un óvalo plateado, mas al llegar a la 318 observó algo extraño. Había, pegadas a la puerta, dos pegatinas. Una era una llama roja que hasta parecía real, y en la otra un símbolo... ¿Japonés? Podría también ser chino, aunque por la simpleza del símbolo supuso que era japonés. Se había dado cuenta también de que el espacio de separación entre las puertas iba cambiando: de la primera a la segunda era normal, de la segunda a la tercera era más grande, de la tercera a la cuarta normal, y así con todas las que vio. Se encogió de hombros y entró en su habitación, quedándose aún más pasmado si cabía.

Era enorme, quizás cuatro veces su habitación (aunque es mención que su habitación tampoco era gran cosa). Estaba claramente dividida, y lo único que servía de límite entre la parte derecha y la izquierda era una puerta que estaba justo en frente de la de entrada, al fondo. A la derecha había una cama individual, con una mesita de noche de madera oscura pegada a su izquierda; un escritorio pegado a la pared, justo debajo de una de las ventanas, sobre el que había un ordenador; y ya en la pared que quedaba justo a la derecha había un gran armario y una estantería de suelo a techo hechos de la misma madera que la mesa de noche. Josh soltó un silbido, y miró hacia la izquierda. El panorama era exactamente el mismo, salvo que al lado de la estantería había otra puerta y sobre el escritorio había una gran impresora multifunción. Elevó una ceja. Aquello parecía una suite de hotel,  más que unas habitaciones de universidad.

Sobre la cama de la izquierda estaba Jem, tumbado boca arriba y con una botella de agua sobre la mesa de noche. Tenía una mano sobre los ojos y no parecía estar atento a nada.
-Lo siento, cogí este lado sin preguntar antes.-Habló en un susurro, y Josh tuvo que esforzarse para entenderle.

-Ah, no te preocupes.-Dejó su mochila sobre la mesa del escritorio.- Pero, ¿estás bien? No tenías muy buena cara ahí fuera.-Se acercó dudoso a él, y lo observó más de cerca. No había tenido tiempo antes, pero ahora que se fijaba era bastante más atractivo de lo que le había parecido en un principio. La camisa blanca del uniforme se le había levantado un poco al tumbarse, y le ofrecía una pequeña pero deliciosa vista de su ombligo y sus oblicuos. Desvió la vista, avergonzado, mientras se preguntaba por qué debía ese chico llevar los pantalones a las caderas y no a la altura del ombligo, cubriéndolo, como todos los demás.

-Es sólo una migraña…-Jem hizo una mueca de dolor y bajó la mano.- Se me pasará, como todas.-Se incorporó con dificultad en la cama, mirando alrededor con los ojos entrecerrados.

-Pero vaya por dios, si al final vas a tener tu balcón y todo…-Josh le miraba con sorna desde la puerta que estaba entre las dos camas. Se había acercado a abrirla, pensando que probablemente estaba cerrada, y se había sorprendido al ver un pequeño balcón con una  baranda de color metálico rodeándolo.

-No jodas.-Jem se levantó tambaleándose un poco y se acercó, apoyándose en el marco de la puerta y sonrió elevando una ceja. Le dio una palmada en el hombro a Josh, mirándole.- Ey tío, mis condolencias. Sólo espero que esas hordas no escalen por una hiedra que aparezca al lado e irrumpan en la habitación en plena noche.-Josh bufó con ironía y volvió a entrar en la habitación.

-Tapiaré la puerta y las ventanas si es necesario, no te preocupes. –Se sentó en su cama y miró alrededor.- Pero ahora que me acuerdo, yo no he traído mis cosas aún…-Jem se sentó en su cama y le observó divertido.

-Pobrecito. Lo veo normal, ¿a quién se le ocurre comenzar el traslado en pleno julio? –Hizo una mueca y se movió el cuello de la camisa.- Hace demasiado calor…

-Tendré que volver a casa…-Se encogió levemente.- Por dios, qué asco…

-¿No te gusta ir a tu casa?-Jem le miró sorprendido, y Josh iba a responder cuando alguien tocó la puerta. Ambos se miraron y tras encogerse de hombros, Josh se levantó para abrir. En el rellano de la puerta había dos chicos. Uno era tan alto como Jem y tenía, aparte de unos impactantes ojos turquesas, un cabello liso y largo hasta los hombros color verde. Esbozaba una gran sonrisa y lo miraba risueño. A su lado había otro chico de su tamaño, de cabellos rubios con mechas rojas y unos ojos color ámbar. Éste le miró sorprendido.

-¿Josh?- Josh abrió los ojos sorprendido.

-¿Henry? –Este entró y ambos se fundieron en un gran abrazo. Jem se había puesto de pie y los miraba confuso. El chico del pelo verde se había acercado a él, y de pronto se vio siendo abrazado.

-¡Hola, ne! –El peliverde frotó su mejilla con la de él, y Jem lo apartó frunciendo el ceño.

-¿Y tú quién eres? –Se frotó la frente con una mano, mirándolos a los dos.- ¿Y tú?-Preguntó al rubio.

-Yo soy Ryota, ne. –El peliverde le tendió una mano, y Jem la aceptó receloso.- Y él es Henry, ne.-Señaló al rubio.- Somos vuestros vecinos de la 318.

-Jem…-Apartó la mano y miró a Henry, que seguía abrazado a Josh.

-¡Joder tío, cuanto tiempo! –Éste se apartó riendo y cogió un mechón del rubio entre los dedos.- ¿Mechas rojas? ¿Has decidido honrar a tu apellido?-Henry se encogió de hombros y cogió la melena del otro.-
-¿Y tú? Veo que al final sí cumpliste la promesa.-Josh sonrió asintiendo y se giró hacia Jem, señalando a Henry.

-Él es Henry Redflame, es amigo mío de la infancia.-Miró a Henry.- Él es Jem Jenning, mi compañero de habitación.

-Encantado.-Henry estrechó la mano estirada del otro, sonriendo abiertamente.

-Igualmente.-Jem asintió con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa. Ryota fue a abrazar a Josh con la misma confianza con la que había abrazado a Jem

-¡Tú eres Josh-kun entonces, ne! Yo soy Ryota.-Josh se vio aplastado por el enorme cuerpo del otro se intentó apartar un poco, pues no podía respirar.

-S-sí, soy J-josh…-Cogió aliento varias veces y lo miró de nuevo.-Dioses, eres enorme. –Ryota se encogió de hombros sin dejar de sonreír en ningún momento.

-Tú… ¿Eres japonés, verdad?-Jem se había acercado al peliverde y le observaba con los ojos entrecerrados.

-¡Sí, ne, lo soy! –Sacó pecho con orgullo.- ¡Del mismísimo Tokio! –Tenía, ciertamente, un acento oriental que hacía su inglés de lo más gracioso. A Jem le brillaron los ojos.
 -Anata ga tokiota…Shitto!-Henry y Josh se le quedaron mirando como si estuvieran viendo a un perro verde, y Ryo tras soltar una carcajada asintió.

-Sō.-Sonrió con diversión mientras Jem hacía un puchero.

-Esto…Nosotros no hemos pillado el chiste…-Henry y Josh seguían mirándolos con perplejidad.

-‘Así que eres tokiota…¡Qué envidia!’ dijo él…-Ryota sonrió señalando a Jem.

-‘Exacto’, dijo él.-Jem hizo lo mismo con Ryota. Josh y Henry se miraron, sorprendidos, y luego sonrieron levemente. Josh miró a Ryo.

-Por cierto, ¿cómo me has llamado antes? –frunció el ceño.- Josh…¿kun?

-Sí, ne. Es un sufijo cariñoso.-Ryo sonrió abiertamente y Josh parpadeó.- Pensaba decirte ‘sama’, pero me parece que no se va a dar el caso…-Jem soltó una risotada mientras Ryo ampliaba aún más su sonrisa y los dos chicos les miraban manteniendo su asombro.-

-¿Sama..? –Jem le miró con diversión y le explicó.

-Si te hubiera dicho ‘Josh-sama’, eso podría traducirse como ‘El Gran Josh.’-Volvió a reír.

-Eres bueno, ne.-Miró a Jem elevando una ceja.- No tienes pinta de saber Japonés…Me sorprendiste, ne.-Jem sacudió el pelo con una arrogancia divertida.


-Y no sólo sé japonés. –Elevó las cejas.- Sé Irlandés, Francés, Alemán y Japonés e Inglés, como habrás visto.-Todos le miraron bastante sorprendidos.-Y tengo nociones básicas de Español y Ruso.- Sonrió con suficiencia mientras le miraban con la mandíbula desencajada.

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