Los cuatro entraron a
sus respectivos dormitorios, alegando verse en la salida cuando acabasen. Nada
más entrar, Henry se había lanzado en su armario para bucear entre su ropa, y
cuál no fue su sorpresa al darse cuenta de que su bañador favorito, el cual era
rojo con detalles blancos en los bordes, estaba allí. No recordaba habérselo
traído. Asintió conforme con la cabeza y lo puso sobre la cama. Tras esto,
comenzó a sacar ropa que consideraba de verano sin ton ni son. Ya luego miraría
qué llevaba y qué no.
Ryo, por su parte,
había abierto su maleta y guardaba con orden la ropa que había decidido
llevarse. Tenía su bañador amarillo sobre la cama. Le echó una ojeada y sonrió.
Le había divertido (o gustado, para qué
engañarse) que Hikari le hubiera pedido que se lo pusiera. Amplió su sonrisa y
tras terminar de guardar con rapidez sus cosas, se acercó silenciosamente a
Henry. Éste estaba con medio cuerpo metido dentro del armario mientras
rebuscaba algo, y Ryo vio clara su oportunidad: se lanzó sobre él agarrándole
por la cintura, y retrocedió mientras lo sacaba del armario. Ambos cayeron al
suelo; Henry, gritando y haciendo aspavientos. Ryo, riendo y abrazándose a él.
-¡Henry-kuuun! –Rodaron
unos segundos por el suelo, hasta que Henry le puso una mano en la mejilla y lo
empujó, intentando apartarlo en vano; Ryota estaba pegado a él cual lapa.
-¡Apártate de mí,
lechuga pegajosa!-Siguió forcejeando con él hasta que Ryo lo soltó, sentándose
en el suelo al estilo oriental. El rubio se apartó prudentemente de él y le
fulminó con la mirada.- ¿Se puede saber qué diantres te pasa?
-Soy feliz, ne.
–Respondió Ryota ampliando su sonrisa de un modo casi inhumano.
-¿Y esa es una jodida
razón para cometer un atentado contra un cuerpo ajeno?
-¡Hai!- Asintió
alegremente mirando a Henry directamente a los ojos. Luego desvió la vista
hacia su maleta, y negó suavemente con la cabeza.- Henry-kun, ¿por qué no has
ordenado tu maleta?
-Estoy buscando la
ropa, ahora la ordeno…-Se levantó y tras volver a mirar entrecerrando los ojos
al japonés, volvió a meterse en su armario. Ryo, en cambio, tras levantarse se
acercó a la maleta de Henry y comenzó a ordenar y doblar la ropa, colocándola
perfectamente. Terminó rápidamente, y esperó que el chico siguiera tirando ropa hacia atrás para
guardarla también. Dejó a un lado una camiseta roja bastante llamativa y unas
bermudas negras, con intención de que se las pusiese. Cuando Henry se dio la
vuelta, miró primero a su maleta, luego a la ropa dejada a parte y finalmente
levantó la cabeza con una expresión ceñuda en el rostro.
-¿Has..? ¿Por qué?- El
peliverde se encogió de hombros.
-¿Y por qué no, ne?
–Ladeó la cabeza sonriendo y Henry suspiró
-En fin, está bien,
gracias. –Cogió el conjunto que había dejado a un lado Ryo y lo miró.- ¿Por qué
has dejado esto fuera?
-Para que te lo pongas,
ne. –Y tras decir eso se fue hacia su lado de la habitación y se tumbó en la cama con los ojos cerrados.
Henry chasqueó la lengua, pero no tenía ningunas ganas de discutir, por lo que
sencillamente se puso el bañador y la ropa sin rechistar.
En la habitación de al
lado, Jem también estaba haciendo su maleta, mientras que Josh nada más llegar
se había echado en la cama. No tenía maleta que hacer, ni ropa que meterle
dentro. Suspiró resignado y se preguntó por qué no se había traído su ropa
cuando se había mudado allí. Aunque sabía la respuesta, claro. No pensaba
quedarse desde aquel momento en la universidad, de hecho sólo había ido para
conocerla y ver cómo sería su habitación y blablablá. Pero ahora…Ahora tenía
que volver a su casa. Y aquello no le agradaba demasiado. Primeramente porque
vivía bastante lejos de Dublín, y segundo porque no tenía ganas de ver a su
hermano. Suspiró de nuevo, y abrió los ojos incorporándose sobre la cama. Miró
a Jem, el cual estaba guardando ropa en su maleta. Observó con detenimiento su
espalda de hombros anchos y cuadrados, y se permitió babear un poco. Su
conciencia estaba, básicamente, gritándole que apartara la vista y no fuera
gilipollas. Pero él era débil ante cuerpos así, y no podía hacer nada. El pelinegro se giró con varias prendas
en la mano, y se acercó a él, tendiéndoselas. Josh ladeó la cabeza y alargó las
manos, con una mirada interrogatoria.
-No has traído ropa,
¿verdad? –Josh parpadeó un instante, y Jem se encogió de hombros.- Puede que te
queden algo grandes, pero si quieres puedes usarlas.
-Oh… G-gracias.-Jem
asintió y volvió a su maleta, y Josh le siguió con la mirada, asombrado. Guau.
¿Quedaba gente así en el mundo? Miró la ropa que le había dado y emitió un
gemido ahogado. Le iba a quedar simplemente gigante. Una camiseta violeta-grisácea
que ponía “Feels only give pain” y unas bermudas azul oscuras, junto con un
bañador largo color verde claro completaban el set.
-Por cierto, ese el
bañador que más pequeño me queda…Espero que no se te caiga demasiado.-Jem había
girado la cabeza hacia él, y lo miraba con una especie de expresión...
preocupada. Josh ladeó la cabeza y negó, sonriendo.
-No te preocupes, y
muchas gracias de nuevo.
Comprobó que,
verdaderamente, aquella ropa le iba simplemente enorme. El bañador había
logrado que, ajustándolo un poco con los cordones le iba suficientemente bien
para que no se le cayera. Suspiró y volvió a sentarse en la cama, enterrando la
cabeza entre las manos. Era simplemente patético.
Jem se había preguntado
por qué le había ofrecido exactamente su ropa. Bien, el chico no había traído
nada de ropa, pero incluso con eso, ¿lo normal no hubiera sido que se la
hubiera prestado su amigo? Aunque tal vez Henry no supiera nada. Arrugó el ceño
y suspiró, cerrando su maleta. Había dejado por fuera un cambio de ropa y dos
bañadores, con intención de llevarle uno a Henry. Lo cogió y se dirigió a la
puerta, repasando aún sus actos. Tal vez simplemente le hubiera dado la vena
generosa aquel día… O algo por el estilo. Agitó suavemente la cabeza y tocó en
la puerta que rezaba los número 318. Observó la pegatina que tenía el símbolo
japonés, y recordó que la primera vez que llegó a las habitaciones y lo vio se
emocionó cual niño pequeño. Recordaba aquel símbolo del abecedario Hirgana, y lo
raro que le había parecido que estuviera, en especial, ése ahí. Aunque después
de conocer al peliverde de ojos turquesas y su forma de ser todo cobraba
sentido, claro. Su eterna y reiterada coletilla ‘ne’ le parecía graciosa, pero
que la tuviera pegada en su puerta era un poco exagerado.
-Oh, Jem, eres tú.-Henry
se había acercado a abrir, puesto que Ryo no parecía estar por la labor de
levantarse. Bajó la vista hacia las manos del pelinegro y abrió los ojos al acordarse del bañador.- Ahh…
Ya no me hace falta, pero gracias igual.-Sonrió levantándose un poco la camisa dejando ver la cintura del bañador.-Creo que
mi madre me lo coló sin que me diera cuenta.
-Hm, está bien
entonces. ¿Ya estáis listos?-Jem ladeó la cabeza manteniendo su mueca
inexpresiva.
-Sí, nosotros sí.
¿Vosotros estáis ya?
-Me falta guardar aún
una cosa. Id bajando si queréis, ya nos vemos allí. –Jem se despidió con la
mano del rubio y volvió a entrar en la habitación. Bajó la vista hacia el
bañador que aún descansaba entre sus manos y encogiéndose de hombros volvió a guardarlo
en el armario. Se giró hacia Josh, y estaba a punto de decir que si ya estaba
listo cuando alguien tocó la puerta. Josh levantó en ese momento la cabeza de
entre las manos y se giró hacia Jem. Éste se encogió de hombros y fue a abrir,
pensando que probablemente era alguno de los dos chicos. Y cuál no fue su
sorpresa al ver que en el rellano había un chico alto y con expresión risueña,
con un mono azul y una gorra del mismo color que le tapaba en mayoría el
cabello rojizo.
-¿Esta es la habitación
de Josh… -Miró un papelito que llevaba en una mano.- Jewell?-Al oír su nombre, éste
se incorporó y se acercó curioso a la puerta. Jem se apartó de allí y se
sentó en su cama, mirando distraídamente los libros que adornaban su estantería.
-Sí, soy yo.-El chico
le tendió una caja considerablemente grande y Josh la observó mientas la cogía,
confuso.- Yo no he pedido nada….
-Se lo manda el señor
Marc Jewell.-Josh abrió los ojos un instante y luego gruñó. ¿Qué querría ahora
su hermano?
-¿Tengo que firmar o
algo…?-El chico asintió y le tendió un bolígrafo y una factura. Firmó y cerró
la puerta en cuanto el chico se fue. Dejó
caer la caja sobre la cama y mientras se preguntaba qué le habría mandado
aquella vez ese diablo, la abrió.
Dentro de esta había
una bolsa de deporte considerablemente grande, la cual parecía estar
simplemente abarrotada. Y sobre esta, perfectamente colocada, había una carta
en cuyo reverso podían leerse las palabras ‘’Plentyn
wirion. ’’
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