lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 1: Algo se altera en el corazón de los fuertes.

Mientras salía de su casa con un fuerte dolor lacerante en la cabeza y se colgaba la mochila de la universidad al hombro, Jem pensaba con resignación en un nuevo curso escolar, en una nueva universidad en la cual no conocía a nadie. Y para colmo, era una universidad interna. Le frustraba pensar que tendría que compartir habitación con un desconocido, pero tampoco es que pudiera hacer demasiado al respecto. Arrastraba los pies por las calles mientras los pájaros iban despertándose y comenzaban a piar con alegría. Eso le molestaba. No estaba de humor como para aguantar la alegría de otros, y si bien sabía que eso era algo egoísta, en aquel momento le importaba muy poco. Giró a la izquierda en un callejón que le serviría de atajo hasta la universidad. Ya había ido varias veces, a dejar sus cosas en la habitación y arreglar el papeleo, y le había resultado extraño no encontrarse en ningún momento con su compañero de cuarto. Se metió las manos en los bolsillos y bostezó mirando el suelo con renuencia, hasta que comenzó a oír varias voces por delante de él.
-Ey, tú, maricón. ¿De dónde has sacado esa melena tan masculina?-Una voz grave con un tono socarrón se hizo notar.-
-Sí, es realmente fabulosa.-Dijo una segunda voz, divertida.- ¿Pasaría algo si la cortamos para enmarcarla?-Se escucharon varias risotadas.-
-No os he hecho nada, no tenéis por qué meteros conmigo…-Una tercera voz, algo más débil y aguda que las demás hizo que Jem se acercara aún más, hasta que vio a dos tíos uno o dos años mayor que él acorralando contra la pared a otro chico, el cual era más bajito que ellos y que él mismo. Uno de los tíos, de cabeza rapada, sujetaba entre sus dedos un largo mechón de pelo castaño, mientras el otro,  rubio, mantenía una mano contra la pared, al lado de la cabeza del chico, para que éste no pudiera escapar. Soltó un gruñido al ver aquello. Si bien no estaba de humor para aguantar la alegría de otros, tampoco lo estaba como para aguantar injusticias de ese calibre.
-Ey, vosotros dos, ¿no os da vergüenza meteros con alguien más pequeño que vosotros?-Se acercó a ellos mirándolos, pero sin sacar las manos de los bolsillos.-Deberíais meteros con alguien de vuestro tamaño. –Agitó la mano.-Ya sabéis, el típico dicho.- Notó que era algo más alto que aquellos dos, lo cual le hizo elevar una ceja. El rubio se volvió hacia él apartando la mano de la pared.
-¿Cómo tú, listillo? –Se golpeó la palma de la mano con el puño, retándolo, y el cabeza-rapada soltó el mechón del chico, que había comenzado a temblar y tenía los ojos cerrados.-
-¿Acaso crees que basura como él tiene derecho a pasear por estas calles?-El cabeza-rapada señaló al chico, mirando a Jem con una sonrisa burlona.
-Perdonad, pero no me ha quedado muy claro de qué lo acusáis, y tampoco me importa demasiado. –Les lanzó una mirada frívola.- Me molesta bastante el punto de que estáis abusando de un chico menor que vosotros, y más cuando estáis en mi camino y estoy de muy mal humor.
-Oh, mira Gary, el chico nos reta…-El cabeza-rapada le sonrió al rubio con una mueca nada agradable a la vista.-
-Cierto, Tim, vamos a tener que darle una lección a este mocoso…-Ambos se lanzaron hacia él con los puños en alto. Jem se apartó una milésima de segundo antes de que llegaran a él y le propinó una patada a cada uno, que cayeron al suelo.
-¿Y vosotros os hacéis llamar hombres? ¿Vosotros, que atacáis a alguien menor en dúo y abusáis de otro menor? –Jem resopló con sarcasmo mientras ambos tíos se levantaban con un gruñido e iban hacia él de nuevo. Esta vez Jem sacó las manos de los bolsillos y les dio un puñetazo en la cara a cada uno, rompiéndoles la nariz.- Encima, masoquistas.-Los miró, parpadeando con inocencia.- ¿Podéis largaros, por favor?
-Oye mocoso, si realmente crees que…-Ambos comenzaron a levantarse de nuevo, pero ya de pie cayeron en la cuenta de la altura del pelinegro que los enfrentaba y de su pétrea mirada grisácea, que los miraba con desprecio y bastante frialdad. Se encogieron.
-Largaos si no queréis acabar con algo más que la nariz rota, gilipollas de mierda.-Pateó una piedra mientras miraba con asco cómo ambos corrían por donde había venido él, despavoridos. Se acercó al chico del pelo largo, que se había dejado resbalar por la pared hasta el suelo y respiraba con dificultad. El pelo le caía a ambos lados de los hombros en lisos y castaños mechones. Jem se arrodillo ante él.
-Oye, ¿estás bien? –Le tendió un coletero azul que había cerca de él.- ¿Esto es tuyo?-El chico lo miró y descubrió que estaba al borde de las lágrimas. Jem lo miró sorprendido mientras el muchacho asentía y cogía el coletero con manos temblorosas.
-G-gracias… Y siento que hayas tenido que hacer eso…-Sorbió por la nariz mientras se recogía el cabello en una coleta baja. Buscó con la mirada su mochila y la cogió.
-No te preocupes, realmente me molesta la gente como ellos.-Frunció el ceño, disgustado.-Aunque hoy me parece que me molesta todo.-Se levantó, volviendo a meter las manos en los bolsillos.- ¿Vas a la universidad Oscar Wilde, por casualidad?-Miró su uniforme y el del chico, ladeando la cabeza. Éste asintió, levantándose también.
-Esto…sí, pero digamos que me he encontrado con algún otro problema falto de pelo por el camino.-Se frotó la sien, ceñudo, y Jem elevó una ceja sonriendo al recordar al cabeza-rapada y al rubio que tenía el pelo cortado al uno. Le tendió una mano.
-Soy James. James Jenning. –Bajó la ceja.- Aunque puedes llamarme Jem, si quieres.
-Jewell. Josh Jewell.-Josh le estrechó la mano, sonriendo a su vez.- Muchas gracias de nuevo. No me apetecía nada llegar a la universidad lleno de moratones y con la cabeza rapada.-Frunció el ceño ante la imagen y se encogió. Jem ladeó la cabeza, mirándole.-
-No es nada, en serio.-Soltó su mano y señaló el camino.- ¿Vamos? Creo que si tardamos algo más el director soltará los perros para buscarnos.-Josh rió y tras colgarse la mochila echó a caminar a su lado.- Pero dime algo, ¿sí? –Jem le miró curioso.- ¿Por qué estaban abusando de ti?-Josh se tensó al escuchar la pregunta y desvió la vista.
-No es nada importante…-Apretó los puños a los costados mientras apretaba los labios en una dura línea. Jem sólo le miró sorprendido durante un instante, para luego encogerse de hombros y mirar hacia delante de nuevo.
-Bueno, supongo que tampoco es que sea de mi incumbencia…Por cierto, ¿en qué habitación estás?-Observó como una pareja de ardillas pasaba corriendo por delante de ellos, cargadas con bellotas.
-En la 139, creo. –Sacó un papel de su bolsillo y se lo enseñó.- Sí, 139.
-¿Dónde has estado toda mi vida, compañero de habitación?-Jem le miró con un puchero y voz dramática, mientras Josh parpadeaba sorprendido.
-¿Eres mi compañero de habitación?- Jem pateó una piedra.
-Sep. Pero por favor, no dejes tus calzoncillos por ahí.-Lo miró horrorizado.- Podrían atacarme por la noche o algo.-Josh rió guardando el papel.
-Tomaré nota de eso, siempre y cuando tú te asegures de cerrar la puerta mientras te duchas. –Hizo un mohín.- Mis ojos podrían querer escapar de sus órbitas.-Jem le miró como si estuviera totalmente ofendido.
-Claro, para ver más de cerca. ¿Crees que un cuerpo como este –se señaló con las manos.- se ve todos los días? Va a ser que no, majete.-Sonrió con falsa arrogancia mientras Josh resoplaba divertido.
-Claro claro, probablemente acabe agonizando entre hordas de mujeres que estén todo el día acosándote y no dejen de tirar cartas por tu ventana y a llamarte desde el jardín al más puro estilo Shakespeariano. –Elevó una ceja.- Aunque sin balcón, claro. –A pesar de estar diciendo eso, Josh podía intuir perfectamente que efectivamente el cuerpo que se ocultaba tras ese uniforme prometía ser de lo más interesante.

- El libro de reclamaciones lo tiene mi mayordomo. Las quejas a él.- Jem levantó las manos con inocencia, mientras veían aparecer al fondo de la calle un enorme e imponente edificio, sobre el cual rezaban las letras ‘Universidad Oscar Wilde.’

No hay comentarios:

Publicar un comentario