viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo 5: Plentyn wirion.

Los cuatro entraron a sus respectivos dormitorios, alegando verse en la salida cuando acabasen. Nada más entrar, Henry se había lanzado en su armario para bucear entre su ropa, y cuál no fue su sorpresa al darse cuenta de que su bañador favorito, el cual era rojo con detalles blancos en los bordes, estaba allí. No recordaba habérselo traído. Asintió conforme con la cabeza y lo puso sobre la cama. Tras esto, comenzó a sacar ropa que consideraba de verano sin ton ni son. Ya luego miraría qué llevaba y qué no.

Ryo, por su parte, había abierto su maleta y guardaba con orden la ropa que había decidido llevarse. Tenía su bañador amarillo sobre la cama. Le echó una ojeada y sonrió. Le había divertido (o gustado,  para qué engañarse) que Hikari le hubiera pedido que se lo pusiera. Amplió su sonrisa y tras terminar de guardar con rapidez sus cosas, se acercó silenciosamente a Henry. Éste estaba con medio cuerpo metido dentro del armario mientras rebuscaba algo, y Ryo vio clara su oportunidad: se lanzó sobre él agarrándole por la cintura, y retrocedió mientras lo sacaba del armario. Ambos cayeron al suelo; Henry, gritando y haciendo aspavientos. Ryo, riendo y abrazándose a él.

-¡Henry-kuuun! –Rodaron unos segundos por el suelo, hasta que Henry le puso una mano en la mejilla y lo empujó, intentando apartarlo en vano; Ryota estaba pegado a él cual lapa.

-¡Apártate de mí, lechuga pegajosa!-Siguió forcejeando con él hasta que Ryo lo soltó, sentándose en el suelo al estilo oriental. El rubio se apartó prudentemente de él y le fulminó con la mirada.- ¿Se puede saber qué diantres te pasa?

-Soy feliz, ne. –Respondió Ryota ampliando su sonrisa de un modo casi inhumano.

-¿Y esa es una jodida razón para cometer un atentado contra un cuerpo ajeno?

-¡Hai!- Asintió alegremente mirando a Henry directamente a los ojos. Luego desvió la vista hacia su maleta, y negó suavemente con la cabeza.- Henry-kun, ¿por qué no has ordenado tu maleta?

-Estoy buscando la ropa, ahora la ordeno…-Se levantó y tras volver a mirar entrecerrando los ojos al japonés, volvió a meterse en su armario. Ryo, en cambio, tras levantarse se acercó a la maleta de Henry y comenzó a ordenar y doblar la ropa, colocándola perfectamente. Terminó rápidamente, y esperó que el  chico siguiera tirando ropa hacia atrás para guardarla también. Dejó a un lado una camiseta roja bastante llamativa y unas bermudas negras, con intención de que se las pusiese. Cuando Henry se dio la vuelta, miró primero a su maleta, luego a la ropa dejada a parte y finalmente levantó la cabeza con una expresión ceñuda en el rostro.

-¿Has..? ¿Por qué?- El peliverde se encogió de hombros.

-¿Y por qué no, ne? –Ladeó la cabeza sonriendo y Henry suspiró

-En fin, está bien, gracias. –Cogió el conjunto que había dejado a un lado Ryo y lo miró.- ¿Por qué has dejado esto fuera?

-Para que te lo pongas, ne. –Y tras decir eso se fue hacia su lado de la habitación  y se tumbó en la cama con los ojos cerrados. Henry chasqueó la lengua, pero no tenía ningunas ganas de discutir, por lo que sencillamente se puso el bañador y la ropa sin rechistar.



En la habitación de al lado, Jem también estaba haciendo su maleta, mientras que Josh nada más llegar se había echado en la cama. No tenía maleta que hacer, ni ropa que meterle dentro. Suspiró resignado y se preguntó por qué no se había traído su ropa cuando se había mudado allí. Aunque sabía la respuesta, claro. No pensaba quedarse desde aquel momento en la universidad, de hecho sólo había ido para conocerla y ver cómo sería su habitación y blablablá. Pero ahora…Ahora tenía que volver a su casa. Y aquello no le agradaba demasiado. Primeramente porque vivía bastante lejos de Dublín, y segundo porque no tenía ganas de ver a su hermano. Suspiró de nuevo, y abrió los ojos incorporándose sobre la cama. Miró a Jem, el cual estaba guardando ropa en su maleta. Observó con detenimiento su espalda de hombros anchos y cuadrados, y se permitió babear un poco. Su conciencia estaba, básicamente, gritándole que apartara la vista y no fuera gilipollas. Pero él era débil ante cuerpos así, y no podía hacer  nada. El pelinegro se giró con varias prendas en la mano, y se acercó a él, tendiéndoselas. Josh ladeó la cabeza y alargó las manos, con una mirada interrogatoria.

-No has traído ropa, ¿verdad? –Josh parpadeó un instante, y Jem se encogió de hombros.- Puede que te queden algo grandes, pero si quieres puedes usarlas.

-Oh… G-gracias.-Jem asintió y volvió a su maleta, y Josh le siguió con la mirada, asombrado. Guau. ¿Quedaba gente así en el mundo? Miró la ropa que le había dado y emitió un gemido ahogado. Le iba a quedar simplemente gigante. Una camiseta violeta-grisácea que ponía “Feels only give pain” y unas bermudas azul oscuras, junto con un bañador largo color verde claro completaban el set.

-Por cierto, ese el bañador que más pequeño me queda…Espero que no se te caiga demasiado.-Jem había girado la cabeza hacia él, y lo miraba con una especie de expresión... preocupada. Josh ladeó la cabeza y negó, sonriendo.

-No te preocupes, y muchas gracias de nuevo.


Comprobó que, verdaderamente, aquella ropa le iba simplemente enorme. El bañador había logrado que, ajustándolo un poco con los cordones le iba suficientemente bien para que no se le cayera. Suspiró y volvió a sentarse en la cama, enterrando la cabeza entre las manos. Era simplemente patético.

Jem se había preguntado por qué le había ofrecido exactamente su ropa. Bien, el chico no había traído nada de ropa, pero incluso con eso, ¿lo normal no hubiera sido que se la hubiera prestado su amigo? Aunque tal vez Henry no supiera nada. Arrugó el ceño y suspiró, cerrando su maleta. Había dejado por fuera un cambio de ropa y dos bañadores, con intención de llevarle uno a Henry. Lo cogió y se dirigió a la puerta, repasando aún sus actos. Tal vez simplemente le hubiera dado la vena generosa aquel día… O algo por el estilo. Agitó suavemente la cabeza y tocó en la puerta que rezaba los número 318. Observó la pegatina que tenía el símbolo japonés, y recordó que la primera vez que llegó a las habitaciones y lo vio se emocionó cual niño pequeño. Recordaba aquel símbolo del abecedario Hirgana, y lo raro que le había parecido que estuviera, en especial, ése ahí. Aunque después de conocer al peliverde de ojos turquesas y su forma de ser todo cobraba sentido, claro. Su eterna y reiterada coletilla ‘ne’ le parecía graciosa, pero que la tuviera pegada en su puerta era un poco exagerado.

-Oh, Jem, eres tú.-Henry se había acercado a abrir, puesto que Ryo no parecía estar por la labor de levantarse. Bajó la vista hacia las manos del pelinegro y  abrió los ojos al acordarse del bañador.- Ahh… Ya no me hace falta, pero gracias igual.-Sonrió levantándose un poco la camisa  dejando ver la cintura del bañador.-Creo que mi madre me lo coló sin que me diera cuenta.

-Hm, está bien entonces. ¿Ya estáis listos?-Jem ladeó la cabeza manteniendo su mueca inexpresiva.

-Sí, nosotros sí. ¿Vosotros estáis ya?

-Me falta guardar aún una cosa. Id bajando si queréis, ya nos vemos allí. –Jem se despidió con la mano del rubio y volvió a entrar en la habitación. Bajó la vista hacia el bañador que aún descansaba entre sus manos y encogiéndose de hombros volvió a guardarlo en el armario. Se giró hacia Josh, y estaba a punto de decir que si ya estaba listo cuando alguien tocó la puerta. Josh levantó en ese momento la cabeza de entre las manos y se giró hacia Jem. Éste se encogió de hombros y fue a abrir, pensando que probablemente era alguno de los dos chicos. Y cuál no fue su sorpresa al ver que en el rellano había un chico alto y con expresión risueña, con un mono azul y una gorra del mismo color que le tapaba en mayoría el cabello rojizo.

-¿Esta es la habitación de Josh… -Miró un papelito que llevaba en una mano.- Jewell?-Al oír su nombre, éste se incorporó y se acercó curioso a la puerta. Jem se apartó de allí y se sentó en su cama, mirando distraídamente los libros que adornaban su estantería.

-Sí, soy yo.-El chico le tendió una caja considerablemente grande y Josh la observó mientas la cogía, confuso.- Yo no he pedido nada….

-Se lo manda el señor Marc Jewell.-Josh abrió los ojos un instante y luego gruñó. ¿Qué querría ahora su hermano?

-¿Tengo que firmar o algo…?-El chico asintió y le tendió un bolígrafo y una factura. Firmó y cerró la puerta en cuanto el chico se fue.  Dejó caer la caja sobre la cama y mientras se preguntaba qué le habría mandado aquella vez ese diablo, la abrió.


Dentro de esta había una bolsa de deporte considerablemente grande, la cual parecía estar simplemente abarrotada. Y sobre esta, perfectamente colocada, había una carta en cuyo reverso podían leerse las palabras ‘’Plentyn wirion. ’’

lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 4: Pensamientos confusos bajo el mar.

Ryo y Henry se giraron, mientras que Josh y Jem levantaban la vista para mirar tras ellos. El peliverde abrió los ojos sorprendido durante un instante, y con las mismas saltó de la silla y se abrazó a la chica morena que los miraba con las manos en las caderas y una ceja levantada. Esta rió mientras Ryo frotaba su mejilla con la suya y le devolvió el abrazo.

-¡Hikari-kun, ne! ¿Qué haces aquí?- La miró con una amplia sonrisa, y ella volvió a elevar una ceja.

-Vengo a molestar, por supuesto.-Le sonrió y tras acariciarle levemente una mejilla se giró hacia los otros tres chicos. Henry tenía las cejas alzadas, con expresión de desconcierto, y Josh la miraba con evidente curiosidad. Jem seguía tan concentrado en su comida que no se hubiera enterado ni de una bomba atómica. Ryo se giró también, rodeándola con un brazo y la señaló con la otra mano.

-Es ella, ne. –Volvió a abrazarla con ambos brazos, y ella rió.

-No me aplastes… -Miró a Henry, y al ser al que tenía más cerca, le tendió la mano primero.- Tú debes de ser Henry, ¿cierto? –El aludido asintió, embobado, y le estrechó la mano vacilando un poco. Arrastrando a Ryo con ella, se acercó a Josh. Éste se adelantó y le tendió la mano.

-Yo soy Josh.-Ella aceptó su mano sonriendo, y por último se acercó a Jem, el cual estaba mirando con recelo un trozo de brócoli que se había colado en su plato, pues por su expresión no estaba muy dispuesto a comérselo.

-Esto… Tierra llamando a Jem. –Josh movió la mano por delante de su cara y el pelinegro dejó caer el brócoli, levantando la vista y mirando alrededor como si no supiera dónde estaba. Enfocó su vista en ella y tras ladear un poco la cabeza, esbozó una pequeña sonrisa.-

-James, pero puedes llamarme Jem.-Hikari estrechó su mano sonriendo, y se zafó como pudo de Ryo.

-Como os habrá dicho don Koala, soy Hikari, pero podéis llamarme como queráis.-Arrugó la nariz.- Espera, no. Evitad el Ri-chan, por favor.-Cogió una silla de otra mesa y la puso junto a la de Ryo. Empujó a este hacia la silla y lo hizo sentarse, sentándose ella después.

-Tío. ¿Es en serio?-Henry seguía mirándola boquiabierto, y miró a Ryo.- ¿Puedo saber qué ha visto en ti? Porque tendré que copiártelo.-Ryo esbozó una sonrisa arrogante y se echó el pelo hacia atrás, como si fuera una rubia pija.

-Soy absolutamente maravilloso, Henry-kun, por si no te habías fijado. Soy irresistible para las féminas, ne.-Josh se tapó la boca para esconder una carcajada, sin demasiado éxito, mientras Henry arrugaba el ceño y Hikari elevaba una ceja.
-No puedo creer que acabes de decir esa palabra. ¿Desde cuándo lees diccionarios, lechuguita?-Hikari fingió un desmayo, abanicándose con una mano.-Sí, fue verle y caí rendida ante su complejo de verdura. Realmente fascinante. –Josh, sin poder contenerse más, dejó escapar una buena risotada mientras Ryo hacía un puchero, mirándola. Jem alzó las cejas, apartando la atención de su plato y del osado trozo de brócoli, mirándoles con una mueca de curiosidad.

-No, en serio, ¿dónde la pillaste? Quiero una.-Henry la señaló, y Ryo la abrazó con actitud defensiva.

-¡Ni lo pienses, ne! ¡Es mía!

Mientras los tres se enzarzaban en una divertida discusión sobre si la chica era de verdad o la había conseguido en algún rastro, Josh miró, nuevamente, a Jem. Llevaba un rato haciéndolo, por el rabillo del ojo, deseando que no se percatara de ello. El pelinegro había vuelto a poner atención a su plato, y  atacaba sin piedad una croqueta de… ¿espinacas? Fuera lo que fuera, era verde, y tras haberla sometido a un examen visual, asintió conforme y se la comió. Josh arqueó una ceja.

-¿Examinas tu comida para ver si es digna de ser comida por ti?-Jem le miró pensativo, masticando la croqueta de cosa-verde. Finalmente tragó y le regaló una sonrisa deslumbrante, que hizo que a Josh se le parara el corazón un instante.

-Sí. Soy alérgico a ciertos alimentos verdes.-Señaló el brócoli y suspiró.- Como a ese, así que tengo que tener cuidado y examinarlo todo. –Arrugó la nariz.- Aunque las espinacas no me hagan nada, no me caen demasiado bien…-Señaló su plato, elevando las cejas.- ¿Quieres?-Josh negó con la cabeza, intentando recomponerse aún del impacto que le había causado su sonrisa. Estaba seguro de no haberse sonrojado…Porque no lo había hecho, ¿verdad? Parpadeó un instante, preocupado por esa posibilidad y desvió la vista tapándose la boca con los nudillos.
Mierda.
Le encantaba la sonrisa del pelinegro, quizás demasiado.
Doble mierda.
No podía enamorarse de nuevo. No de su compañero de habitación. No así. ¿Qué pensaría él si supiera la verdad acerca de su orientación sexual?
Mierda sobre mierda.
Deseaba que no fuera homófobo, porque entonces lo llevaba un poco crudo. Es decir, joder, no sería divertido compartir habitación con alguien que te odie durante cuatro años. Frunció el ceño mientras le daba vueltas a todo aquello, hasta que una palmada le devolvió a la realidad.

Jem levantó la vista del plato y miró a Hikari, como hacían los demás. La chica sonrió y levantó el dedo índice de la mano derecha, con una mueca de malicia. Los miró a los tres, pasando por alto a Ryo.

-¿Tenéis planes para esta semana?- Todos negaron, y ella amplió su sonrisa.- Per-fec-to. ¿Qué os parece una semana de sol y playa?-Los tres se miraron, sorprendidos, mientras Ryo asentía sonriendo y Hikari los miraba con la interrogación en sus ojos.

-Hmm…Por mi está bien.-Jem se encogió de hombros, fijando su vista en algo marrón que parecía ir a ser su próxima víctima. Henry asintió.

-Por mí también…¿Qué dices, melenas?-Todos miraron a Josh, que parecía algo sorprendido. Bajó la vista con una mueca.

-Esto…no sé… No me atrae demasiado la playa…-Suspiró resignado. La verdad es que tenía un gran complejo por culpa de los malditos estereotipos que ofrecían las novelas rosas sobre los escoceses y su cuerpo. Siempre los describían como grandes hombres, altos y musculados con unas amplias espaldas, unos abdominales fermosísimos y unas caderas estrechas con un buen vientre plano. Él, en cambio, no es que fuera exactamente bajito, pero carecía por completo de una musculatura marcada. Era, simplemente, delgado. Corriente y moliente. No llegaba a ser raquítico ni a que se le marcaran los huesos, pero tampoco se le marcaban los abdominales ni nada por el estilo. Todas las mujeres se asombraban y decepcionaban notablemente al descubrir que a pesar de ser escocés no tenía ese cuerpo de ensueño, y Josh simplemente podía bufar y evitar playas o piscinas a toda costa.

-Vaa…ne…-Ryo hizo un puchero y Henry le robó una patata a Jem para tirársela.  Éste le miró con el ceño fruncido, pero no dijo nada. Más tarde reclamaría su patata.

-No seas pelmazo, melenas. Vamos, seguro que lo pasamos bien. ¡Gente semidesnuda! –Alzó los brazos, sonriendo, y Josh le mandó una mirada asesina. Sólo él sabía que era homosexual, y lo menos que quería es que lo difamara de esa forma. Hikari entrecerró los ojos al ver que decía ‘gente’ y no ‘chicas’, y miró a Josh sonriendo.

-No le agobiéis. Si no quiere venir no tenemos que obligarle.-Josh la miró y se sintió algo culpable por echarle por tierra su ilusión. Suspiró y, sin mirar en ningún momento al pelinegro, asintió.

-No importa. Está bien, iré…

-¡Vaaaaaaaamos de playa!- Henry alzó los brazos alargando la palabra y esbozando una sonrisa triunfal. Ryo volvió a abrazar a Hikari, sonriendo.

-¡Hace tiempo que no te veo en bikini, ne!-Esbozó una sonrisa malévola, y Hikari alzó una ceja.

-¿Quién ha dicho que yo vaya a ponerme un bikini?-Rió con ganas ante la cara de Ryo y le acarició la cabeza.- El azul clarito, ne.

-¿En serio? –Hikari asintió y Ryo le besó la mejilla con énfasis.-¡Genial, ne! – Henry se levantó y señaló a Josh.
-Tú te vienes conmigo de compras, majete. No tengo bañador, y apuesto mi colección de delfines a que tú tampoco.-Josh desvió la vista, molesto, y Herny sonrió con suficiencia.- Listo.

Jem apartó su plato con un suspiro y se levantó, estirándose hacia arriba. Los miró mientras se restregaba un ojo.

-Yo tengo de sobra, si queréis…

-¿De sobra?-Henry parpadeó sorprendido, y Josh ni siquiera se giró. ¿Ponerse un bañador de Jem? Dioses. Aparte de que probablemente le quedara enorme, sería algo… Suspiró y otra idea se cruzó por su mente.
Jem en bañador.
Se tapó la boca con los nudillos de nuevo para ocultar una diabólica sonrisa. Ese viaje no estaría tan mal después de todo. Jem se encogió de hombros.

-Soy nadador, tengo varios.- Claro. Eso explicaba ese cuerpo de infarto. Henry asintió.

-Bueno, por mi guay. –Miró a Josh, el cual bajó la mano encogiéndose de hombros.

-Me vale.-Logró que no le temblara la voz, y Hikari dio una palmada, satisfecha.

-Genial. Vuelvo a por vosotros en dos horas. Preparadlo todo bien. –Se giró hacia Ryo, sonriendo con malicia.- Ponte el amarillo, por-favor.-Ryo arqueó una ceja, divertido. Había hecho bien en habérselo traído de Japón. Hikari lo agarró de la camisa y lo hizo agacharse para besarlo, tras lo que despidió de todos con la mano y salió de la cafetería dando saltitos.

-En serio, quiero una.-Henry la miraba con expresión soñadora mientras se iba, y Ryo le dio una palmada en la cabeza, como si reprendiera a un niño pequeño.

-No, ne.


-Como sea, vamos a hacer esas maletas…-Jem se encaminó a los dormitorios bostezando, y los tres se pusieron a su lado. Josh seguía algo turbado, pero consiguió controlarse lo suficiente para poder aparentar estar normal. Si realmente aquello salía bien, en unas horas se iba a dar un buen festín visual.

Capítulo 3: Lujos y rechazos.

Todos seguían mirándolo como si fuera un extraterrestre, y Jem parpadeaba ladeando la cabeza.

-¿Qué pasa? ¿Acaso vosotros no sabéis idiomas?-Los miró a los tres levemente sorprendido, y Ryo fue el primero en recomponerse.-

-Sí, ne, pero no tantos.-El peliverde se acercó a él y le dio un par de toques en la cabeza.- Así que eres un cerebrito ¿eh, Jem-kun?-Sonrió como parecía hacerlo siempre mientras Henry y Josh se miraban.

-Personalmente sólo se Inglés y Francés…-Josh señaló a Henry.- Y él, si no ha aprendido otro durante estos años, sólo sabe Inglés y Alemán.-Henry asintió.

-Sí, no he aprendido más…-Miró al techo, pensativo.- Bueno, mentira. Tuve un compañero de clase español, y sé algunas palabras y frases…-Miró a Ryota con una mueca de malicia.- Lechuga*. – Josh y Ryo ladearon la cabeza sin entenderle, y Jem volvió a soltar una carcajada.

-Eso es cruel, Henry…

-¡Venga ya, dejad de hablar en idiomas que sólo vosotros conocéis! -Josh hizo un  puchero mirándolos a los tres.- ¿Qué has dicho?-Dirigió su mirada a Henry, y tras señalarlo miró a Jem.- ¿Qué ha dicho?

-Ha dicho…-Jem miró a Ryo, divertido.- Más bien, te ha llamado lechuga.-Ryo miró sorprendido a Henry, y tras hacer una mueca dramática se arrodilló en un rincón, haciendo círculos con un dedo en el suelo.

-Henry-chan es malo, ne…-Se podía percibir que en su voz había una nota maliciosa, y Jem elevó una ceja.

-Devolviendo las pullas, ¿eh Ryo?-Señaló a Henry.-  Pero tiene poca pinta de tía…Bueno, no importa.-Miró a Josh, sonriendo.- Veamos…Francés, ¿eh? –Ladeó la cabeza, pensativo.-

- Vous pensez que les cheveux de Ryo est naturel? –Josh alzó las cejas sonriendo hacia Jem, y este hizo lo mismo.

- Êtes-vous sérieux? Pas du tout! Au Japon, il est courant de teindre ses cheveux couleurs vives ... Je ferais la même chose! –Ahora les tocaba a Ryo y Henry mirarlos sin entender un ápice. Josh rió.

-Vraiment? Quelle coleur?-Jem se acarició el mentón, pensativo.

-Bleu, bleu certainement!-Sonrió con los ojos brillosos, y Josh rió nuevamente.

-Bueno bueno, ya está. –Henry se acercó a ellos.- Dejemos de lado que tenemos aquí a un Don Idiomas y pasemos a un tema más interesante en un lenguaje común, ¿sí? –Ryo se acercó también y abrazó a Jem.

-¡Sí, ne! ¡Vamos a comer! –Se escuchó un rugido y Jem intentó soltarse de Ryo, sin éxito.- ¡Tengo hambre, ne!

-¿A la cafetería, o algo?-Josh les miró pasándose una mano por el pelo.- La verdad que no tengo ni idea sobre este lugar…- Henry y Ryo asintieron.

-Sí, pero es algo mayor que una cafetería…-Sonrieron tensos, mientras Jem y Josh ladeaban la cabeza, curiosos.


Al llegar a la cafetería, Josh abrió la boca notablemente sorprendido, y le frunció el ceño a Henry.

-¿¡’ALGO’ más grande que una cafetería norma!? ¿Estás de broma? –Henry se encogió de hombros.

-Yo tuve la misma reacción al verla, pero supongo que para una universidad tan malditamente grande es necesaria una cafetería jodidamente enorme.- Giró la cabeza para mirar a Jem, divertido, buscando su reacción.

-¿Qué? –Al verse observado, el pelinegro les miró como si el hecho de que una universidad tuviera una cafetería del tamaño de dos salones de baile fuera completamente normal.

-¿No te parece…escandalosamente grande y lujosa para ser una cafetería?

-No. En mi casa hay una igual.-Se encogió de hombros mientras ambos le miraban sorprendidos.

-Ya veo, tenemos un niño rico…-Henry sonrió con malicia, y parecía a punto de decir algo cuando Josh ladeó la cabeza hacia atrás, como buscando algo.

-¿Dónde está Ryo? –No había llegado con ellos a la cafetería, pero no se había dado cuenta antes. Henry señaló hacia la derecha, sonriendo igual. El pelinegro y el ojiverde se giraron con curiosidad.

Al lado de una columna, se podía advertir la figura alta y delgada de Ryo, y la pequeña y delicada silueta de una chica de cabellos claros y cortos, que a su vez le cubrían los ojos. Se podía observar la sonrisa de Ryo y el rubor de la chica al estar de perfil, y tras darse una pequeña reverencia con la cabeza ambos se alejaron. Ryo fue hacia ellos sonriendo como siempre, y Josh alzó las cejas, sonriendo.

-Eso era…¿Una declaración?-Josh sonrió con malicia, y Henry entrecerró los ojos, mirándole.

-Dime, por favor, que estás sonriendo así porque la has aceptado.-Ryo lo miró como si le hubiera pedido que se bebiera su sangre.

-¡Claro que no, ne! ¡Eso es imposible!-Negó con la cabeza ruidosamente, y esta vez fue Henry quien lo miró desencajado.

-¿Has rechazado a ese pivón?-En vez de responder a lo obvio, Ryo ladeó la cabeza.

-¿Dónde está Jem-kun, ne?-Josh señaló una de las mesas, donde estaba el pelinegro con un plato lleno de comida delante.

-Creo que tenía hambre…-Rió con suavidad y los tres fueron a la mesa, sentándose con él.

-Habéis tardado. ¿Tan raro es que alguien se le declare?-Jem señaló a Ryo, mientras Josh negaba y Henry puso cara de circunstancias.

-¡Pero la ha rechazado!

-Si no la quiere, ¿por qué debería salir con ella?-Jem mordió una patata que había en su plato, encogiéndose de hombros. Ryo asintió conforme.

-Eso quiere decir… ¿Tienes novia, Ryo?-Josh le miró sonriendo. Estaba sentado al lado de Jem, y tenía a los dos chicos delante. Ryo sonrió más abiertamente que nunca, asintiendo.

-¡Hai, ne! –Se balanceó en su silla como un niño pequeño, sin dejar de sonreír, y a Henry le envolvió un aura de depresión.

-No jodas… ¿Soy el único que no tiene o algo?-Miró a Josh con cara de cachorro, rogándole en silencio que tampoco tuviera.

-Yo no tengo.-Josh alzó las manos, riendo, aunque por dentro no tenía ningunas ganas de reírse. Jem se encogió de hombros sin dejar de comer.

-Yo tampoco.

-¡Bi-en!-Henry alzó el puño en señal de victoria y Ryo ladeó la cabeza.

-¿Por qué quieres tener novia, Henry-kun?-Henry le miró pensativo.

-Hmm…No es que quiera en sí, es que…No me gustaría ser el único que no tuviera.-Se encogió de hombros, y luego sonrió con malicia.- ¿Y cómo se llama tu novia, eh? ¿Cómo es?

-Hikari-kun, ne.-Movió la cabeza, sonriendo. Josh puso atención, curioso, y Jem también lo hacía, aunque a simple vista parecía abstraído en su comida.- Tiene el pelo laaargo –abrió las manos a la vez que decía esto.- y de un color castaño muy bonito, ne, y también tiene unas me…


-¿Estáis hablando de mí, por casualidad?

Capítulo 2: Amigos y extranjeros como vecinos.

Al llegar a las puertas de la universidad se percataron de que apenas había nadie aparte de ellos y algún que otro estudiante rezagado. Entraron pasando las pesadas puertas acristaladas y se dirigieron a los dormitorios.

-Esto… ¿En qué planta está nuestra habitación? –Josh miró alrededor algo perdido. Nunca se había sentido a gusto en los espacios grandes, y menos si en ellos había demasiada gente.

-En la tercera. –Jem señaló unas escaleras.- Por lo visto, las que van desde la cien hasta la ciento noventa y nueve están en la planta primera, de la doscientos a la doscientos noventa y nueve están en la segunda, y así hasta las quinientas, creo.-Frunció el ceño y se dirigieron hacia las escaleras, comenzando a subir.- Es instituto es realmente grande.

-Quizás demasiado…-Susurró Josh subiendo con apenas un hilo de voz. Jem se llevó la mano a la cabeza y lanzó un gruñido suave; no se acordaba de su dolor de cabeza, pues en algún momento del trayecto había decidido ponerse a jugar al escondite. Sentía como si le taladraran la cabeza, pero al ser intermitente le dolía aún más. Cerró un ojo y apuró el paso.

-Hgh…-Subió las escaleras de dos en dos mientras Josh le seguía y le miraba sorprendido.

-¿Estás bien?-Se puso a su lado, asustándose un poco al ver la cara de perro que tenía el pelinegro. En cuanto llegaron al pasillo de la tercera planta, Jem salió disparado hacia la derecha, pasando puertas a una velocidad espeluznante. Se detuvo a cierta altura del pasillo y tras sacar una llave de su bolsillo entró con énfasis, dejando a un perplejo Josh en el pasillo. Éste se quedó quieto unos instantes, mirando la enormidad de aquel edificio que correspondía a los dormitorios. Caminaba lentamente por ellos, leyendo los letreros de las puertas; en muchos simplemente estaba el número de la habitación en números dorados, sobre un óvalo plateado, mas al llegar a la 318 observó algo extraño. Había, pegadas a la puerta, dos pegatinas. Una era una llama roja que hasta parecía real, y en la otra un símbolo... ¿Japonés? Podría también ser chino, aunque por la simpleza del símbolo supuso que era japonés. Se había dado cuenta también de que el espacio de separación entre las puertas iba cambiando: de la primera a la segunda era normal, de la segunda a la tercera era más grande, de la tercera a la cuarta normal, y así con todas las que vio. Se encogió de hombros y entró en su habitación, quedándose aún más pasmado si cabía.

Era enorme, quizás cuatro veces su habitación (aunque es mención que su habitación tampoco era gran cosa). Estaba claramente dividida, y lo único que servía de límite entre la parte derecha y la izquierda era una puerta que estaba justo en frente de la de entrada, al fondo. A la derecha había una cama individual, con una mesita de noche de madera oscura pegada a su izquierda; un escritorio pegado a la pared, justo debajo de una de las ventanas, sobre el que había un ordenador; y ya en la pared que quedaba justo a la derecha había un gran armario y una estantería de suelo a techo hechos de la misma madera que la mesa de noche. Josh soltó un silbido, y miró hacia la izquierda. El panorama era exactamente el mismo, salvo que al lado de la estantería había otra puerta y sobre el escritorio había una gran impresora multifunción. Elevó una ceja. Aquello parecía una suite de hotel,  más que unas habitaciones de universidad.

Sobre la cama de la izquierda estaba Jem, tumbado boca arriba y con una botella de agua sobre la mesa de noche. Tenía una mano sobre los ojos y no parecía estar atento a nada.
-Lo siento, cogí este lado sin preguntar antes.-Habló en un susurro, y Josh tuvo que esforzarse para entenderle.

-Ah, no te preocupes.-Dejó su mochila sobre la mesa del escritorio.- Pero, ¿estás bien? No tenías muy buena cara ahí fuera.-Se acercó dudoso a él, y lo observó más de cerca. No había tenido tiempo antes, pero ahora que se fijaba era bastante más atractivo de lo que le había parecido en un principio. La camisa blanca del uniforme se le había levantado un poco al tumbarse, y le ofrecía una pequeña pero deliciosa vista de su ombligo y sus oblicuos. Desvió la vista, avergonzado, mientras se preguntaba por qué debía ese chico llevar los pantalones a las caderas y no a la altura del ombligo, cubriéndolo, como todos los demás.

-Es sólo una migraña…-Jem hizo una mueca de dolor y bajó la mano.- Se me pasará, como todas.-Se incorporó con dificultad en la cama, mirando alrededor con los ojos entrecerrados.

-Pero vaya por dios, si al final vas a tener tu balcón y todo…-Josh le miraba con sorna desde la puerta que estaba entre las dos camas. Se había acercado a abrirla, pensando que probablemente estaba cerrada, y se había sorprendido al ver un pequeño balcón con una  baranda de color metálico rodeándolo.

-No jodas.-Jem se levantó tambaleándose un poco y se acercó, apoyándose en el marco de la puerta y sonrió elevando una ceja. Le dio una palmada en el hombro a Josh, mirándole.- Ey tío, mis condolencias. Sólo espero que esas hordas no escalen por una hiedra que aparezca al lado e irrumpan en la habitación en plena noche.-Josh bufó con ironía y volvió a entrar en la habitación.

-Tapiaré la puerta y las ventanas si es necesario, no te preocupes. –Se sentó en su cama y miró alrededor.- Pero ahora que me acuerdo, yo no he traído mis cosas aún…-Jem se sentó en su cama y le observó divertido.

-Pobrecito. Lo veo normal, ¿a quién se le ocurre comenzar el traslado en pleno julio? –Hizo una mueca y se movió el cuello de la camisa.- Hace demasiado calor…

-Tendré que volver a casa…-Se encogió levemente.- Por dios, qué asco…

-¿No te gusta ir a tu casa?-Jem le miró sorprendido, y Josh iba a responder cuando alguien tocó la puerta. Ambos se miraron y tras encogerse de hombros, Josh se levantó para abrir. En el rellano de la puerta había dos chicos. Uno era tan alto como Jem y tenía, aparte de unos impactantes ojos turquesas, un cabello liso y largo hasta los hombros color verde. Esbozaba una gran sonrisa y lo miraba risueño. A su lado había otro chico de su tamaño, de cabellos rubios con mechas rojas y unos ojos color ámbar. Éste le miró sorprendido.

-¿Josh?- Josh abrió los ojos sorprendido.

-¿Henry? –Este entró y ambos se fundieron en un gran abrazo. Jem se había puesto de pie y los miraba confuso. El chico del pelo verde se había acercado a él, y de pronto se vio siendo abrazado.

-¡Hola, ne! –El peliverde frotó su mejilla con la de él, y Jem lo apartó frunciendo el ceño.

-¿Y tú quién eres? –Se frotó la frente con una mano, mirándolos a los dos.- ¿Y tú?-Preguntó al rubio.

-Yo soy Ryota, ne. –El peliverde le tendió una mano, y Jem la aceptó receloso.- Y él es Henry, ne.-Señaló al rubio.- Somos vuestros vecinos de la 318.

-Jem…-Apartó la mano y miró a Henry, que seguía abrazado a Josh.

-¡Joder tío, cuanto tiempo! –Éste se apartó riendo y cogió un mechón del rubio entre los dedos.- ¿Mechas rojas? ¿Has decidido honrar a tu apellido?-Henry se encogió de hombros y cogió la melena del otro.-
-¿Y tú? Veo que al final sí cumpliste la promesa.-Josh sonrió asintiendo y se giró hacia Jem, señalando a Henry.

-Él es Henry Redflame, es amigo mío de la infancia.-Miró a Henry.- Él es Jem Jenning, mi compañero de habitación.

-Encantado.-Henry estrechó la mano estirada del otro, sonriendo abiertamente.

-Igualmente.-Jem asintió con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa. Ryota fue a abrazar a Josh con la misma confianza con la que había abrazado a Jem

-¡Tú eres Josh-kun entonces, ne! Yo soy Ryota.-Josh se vio aplastado por el enorme cuerpo del otro se intentó apartar un poco, pues no podía respirar.

-S-sí, soy J-josh…-Cogió aliento varias veces y lo miró de nuevo.-Dioses, eres enorme. –Ryota se encogió de hombros sin dejar de sonreír en ningún momento.

-Tú… ¿Eres japonés, verdad?-Jem se había acercado al peliverde y le observaba con los ojos entrecerrados.

-¡Sí, ne, lo soy! –Sacó pecho con orgullo.- ¡Del mismísimo Tokio! –Tenía, ciertamente, un acento oriental que hacía su inglés de lo más gracioso. A Jem le brillaron los ojos.
 -Anata ga tokiota…Shitto!-Henry y Josh se le quedaron mirando como si estuvieran viendo a un perro verde, y Ryo tras soltar una carcajada asintió.

-Sō.-Sonrió con diversión mientras Jem hacía un puchero.

-Esto…Nosotros no hemos pillado el chiste…-Henry y Josh seguían mirándolos con perplejidad.

-‘Así que eres tokiota…¡Qué envidia!’ dijo él…-Ryota sonrió señalando a Jem.

-‘Exacto’, dijo él.-Jem hizo lo mismo con Ryota. Josh y Henry se miraron, sorprendidos, y luego sonrieron levemente. Josh miró a Ryo.

-Por cierto, ¿cómo me has llamado antes? –frunció el ceño.- Josh…¿kun?

-Sí, ne. Es un sufijo cariñoso.-Ryo sonrió abiertamente y Josh parpadeó.- Pensaba decirte ‘sama’, pero me parece que no se va a dar el caso…-Jem soltó una risotada mientras Ryo ampliaba aún más su sonrisa y los dos chicos les miraban manteniendo su asombro.-

-¿Sama..? –Jem le miró con diversión y le explicó.

-Si te hubiera dicho ‘Josh-sama’, eso podría traducirse como ‘El Gran Josh.’-Volvió a reír.

-Eres bueno, ne.-Miró a Jem elevando una ceja.- No tienes pinta de saber Japonés…Me sorprendiste, ne.-Jem sacudió el pelo con una arrogancia divertida.


-Y no sólo sé japonés. –Elevó las cejas.- Sé Irlandés, Francés, Alemán y Japonés e Inglés, como habrás visto.-Todos le miraron bastante sorprendidos.-Y tengo nociones básicas de Español y Ruso.- Sonrió con suficiencia mientras le miraban con la mandíbula desencajada.

Capítulo 1: Algo se altera en el corazón de los fuertes.

Mientras salía de su casa con un fuerte dolor lacerante en la cabeza y se colgaba la mochila de la universidad al hombro, Jem pensaba con resignación en un nuevo curso escolar, en una nueva universidad en la cual no conocía a nadie. Y para colmo, era una universidad interna. Le frustraba pensar que tendría que compartir habitación con un desconocido, pero tampoco es que pudiera hacer demasiado al respecto. Arrastraba los pies por las calles mientras los pájaros iban despertándose y comenzaban a piar con alegría. Eso le molestaba. No estaba de humor como para aguantar la alegría de otros, y si bien sabía que eso era algo egoísta, en aquel momento le importaba muy poco. Giró a la izquierda en un callejón que le serviría de atajo hasta la universidad. Ya había ido varias veces, a dejar sus cosas en la habitación y arreglar el papeleo, y le había resultado extraño no encontrarse en ningún momento con su compañero de cuarto. Se metió las manos en los bolsillos y bostezó mirando el suelo con renuencia, hasta que comenzó a oír varias voces por delante de él.
-Ey, tú, maricón. ¿De dónde has sacado esa melena tan masculina?-Una voz grave con un tono socarrón se hizo notar.-
-Sí, es realmente fabulosa.-Dijo una segunda voz, divertida.- ¿Pasaría algo si la cortamos para enmarcarla?-Se escucharon varias risotadas.-
-No os he hecho nada, no tenéis por qué meteros conmigo…-Una tercera voz, algo más débil y aguda que las demás hizo que Jem se acercara aún más, hasta que vio a dos tíos uno o dos años mayor que él acorralando contra la pared a otro chico, el cual era más bajito que ellos y que él mismo. Uno de los tíos, de cabeza rapada, sujetaba entre sus dedos un largo mechón de pelo castaño, mientras el otro,  rubio, mantenía una mano contra la pared, al lado de la cabeza del chico, para que éste no pudiera escapar. Soltó un gruñido al ver aquello. Si bien no estaba de humor para aguantar la alegría de otros, tampoco lo estaba como para aguantar injusticias de ese calibre.
-Ey, vosotros dos, ¿no os da vergüenza meteros con alguien más pequeño que vosotros?-Se acercó a ellos mirándolos, pero sin sacar las manos de los bolsillos.-Deberíais meteros con alguien de vuestro tamaño. –Agitó la mano.-Ya sabéis, el típico dicho.- Notó que era algo más alto que aquellos dos, lo cual le hizo elevar una ceja. El rubio se volvió hacia él apartando la mano de la pared.
-¿Cómo tú, listillo? –Se golpeó la palma de la mano con el puño, retándolo, y el cabeza-rapada soltó el mechón del chico, que había comenzado a temblar y tenía los ojos cerrados.-
-¿Acaso crees que basura como él tiene derecho a pasear por estas calles?-El cabeza-rapada señaló al chico, mirando a Jem con una sonrisa burlona.
-Perdonad, pero no me ha quedado muy claro de qué lo acusáis, y tampoco me importa demasiado. –Les lanzó una mirada frívola.- Me molesta bastante el punto de que estáis abusando de un chico menor que vosotros, y más cuando estáis en mi camino y estoy de muy mal humor.
-Oh, mira Gary, el chico nos reta…-El cabeza-rapada le sonrió al rubio con una mueca nada agradable a la vista.-
-Cierto, Tim, vamos a tener que darle una lección a este mocoso…-Ambos se lanzaron hacia él con los puños en alto. Jem se apartó una milésima de segundo antes de que llegaran a él y le propinó una patada a cada uno, que cayeron al suelo.
-¿Y vosotros os hacéis llamar hombres? ¿Vosotros, que atacáis a alguien menor en dúo y abusáis de otro menor? –Jem resopló con sarcasmo mientras ambos tíos se levantaban con un gruñido e iban hacia él de nuevo. Esta vez Jem sacó las manos de los bolsillos y les dio un puñetazo en la cara a cada uno, rompiéndoles la nariz.- Encima, masoquistas.-Los miró, parpadeando con inocencia.- ¿Podéis largaros, por favor?
-Oye mocoso, si realmente crees que…-Ambos comenzaron a levantarse de nuevo, pero ya de pie cayeron en la cuenta de la altura del pelinegro que los enfrentaba y de su pétrea mirada grisácea, que los miraba con desprecio y bastante frialdad. Se encogieron.
-Largaos si no queréis acabar con algo más que la nariz rota, gilipollas de mierda.-Pateó una piedra mientras miraba con asco cómo ambos corrían por donde había venido él, despavoridos. Se acercó al chico del pelo largo, que se había dejado resbalar por la pared hasta el suelo y respiraba con dificultad. El pelo le caía a ambos lados de los hombros en lisos y castaños mechones. Jem se arrodillo ante él.
-Oye, ¿estás bien? –Le tendió un coletero azul que había cerca de él.- ¿Esto es tuyo?-El chico lo miró y descubrió que estaba al borde de las lágrimas. Jem lo miró sorprendido mientras el muchacho asentía y cogía el coletero con manos temblorosas.
-G-gracias… Y siento que hayas tenido que hacer eso…-Sorbió por la nariz mientras se recogía el cabello en una coleta baja. Buscó con la mirada su mochila y la cogió.
-No te preocupes, realmente me molesta la gente como ellos.-Frunció el ceño, disgustado.-Aunque hoy me parece que me molesta todo.-Se levantó, volviendo a meter las manos en los bolsillos.- ¿Vas a la universidad Oscar Wilde, por casualidad?-Miró su uniforme y el del chico, ladeando la cabeza. Éste asintió, levantándose también.
-Esto…sí, pero digamos que me he encontrado con algún otro problema falto de pelo por el camino.-Se frotó la sien, ceñudo, y Jem elevó una ceja sonriendo al recordar al cabeza-rapada y al rubio que tenía el pelo cortado al uno. Le tendió una mano.
-Soy James. James Jenning. –Bajó la ceja.- Aunque puedes llamarme Jem, si quieres.
-Jewell. Josh Jewell.-Josh le estrechó la mano, sonriendo a su vez.- Muchas gracias de nuevo. No me apetecía nada llegar a la universidad lleno de moratones y con la cabeza rapada.-Frunció el ceño ante la imagen y se encogió. Jem ladeó la cabeza, mirándole.-
-No es nada, en serio.-Soltó su mano y señaló el camino.- ¿Vamos? Creo que si tardamos algo más el director soltará los perros para buscarnos.-Josh rió y tras colgarse la mochila echó a caminar a su lado.- Pero dime algo, ¿sí? –Jem le miró curioso.- ¿Por qué estaban abusando de ti?-Josh se tensó al escuchar la pregunta y desvió la vista.
-No es nada importante…-Apretó los puños a los costados mientras apretaba los labios en una dura línea. Jem sólo le miró sorprendido durante un instante, para luego encogerse de hombros y mirar hacia delante de nuevo.
-Bueno, supongo que tampoco es que sea de mi incumbencia…Por cierto, ¿en qué habitación estás?-Observó como una pareja de ardillas pasaba corriendo por delante de ellos, cargadas con bellotas.
-En la 139, creo. –Sacó un papel de su bolsillo y se lo enseñó.- Sí, 139.
-¿Dónde has estado toda mi vida, compañero de habitación?-Jem le miró con un puchero y voz dramática, mientras Josh parpadeaba sorprendido.
-¿Eres mi compañero de habitación?- Jem pateó una piedra.
-Sep. Pero por favor, no dejes tus calzoncillos por ahí.-Lo miró horrorizado.- Podrían atacarme por la noche o algo.-Josh rió guardando el papel.
-Tomaré nota de eso, siempre y cuando tú te asegures de cerrar la puerta mientras te duchas. –Hizo un mohín.- Mis ojos podrían querer escapar de sus órbitas.-Jem le miró como si estuviera totalmente ofendido.
-Claro, para ver más de cerca. ¿Crees que un cuerpo como este –se señaló con las manos.- se ve todos los días? Va a ser que no, majete.-Sonrió con falsa arrogancia mientras Josh resoplaba divertido.
-Claro claro, probablemente acabe agonizando entre hordas de mujeres que estén todo el día acosándote y no dejen de tirar cartas por tu ventana y a llamarte desde el jardín al más puro estilo Shakespeariano. –Elevó una ceja.- Aunque sin balcón, claro. –A pesar de estar diciendo eso, Josh podía intuir perfectamente que efectivamente el cuerpo que se ocultaba tras ese uniforme prometía ser de lo más interesante.

- El libro de reclamaciones lo tiene mi mayordomo. Las quejas a él.- Jem levantó las manos con inocencia, mientras veían aparecer al fondo de la calle un enorme e imponente edificio, sobre el cual rezaban las letras ‘Universidad Oscar Wilde.’